Espérame

                 Hoy he ido a visitarte y hemos pasado juntas toda la tarde. Estabas sentada en tu sillón de siempre, ese que te ancla al mundo, el que te mantiene erguida simulando que no pasa nada, que estás ahí, tal y como te vemos, sentada en tu sillón de siempre. Pero es mentira. Tú ya no estás ahí. Parece que fueras tú, pero es otra. Hay un cuerpo ajado y rendido, abandonado a la dejadez irreflexiva de un bebé. Hay dos manos que de vez en cuando se afanan en dar aletazos lentos al aire, buscando cosas que nadie más ve. Hay dos muslos enrojecidos y amasados por no descansar nunca de su carga ni ventilarse; dos rodillas que no sirven de pilares, que no pueden sostener nada, dos ruinas. También hay dos pies hinchados y oscuros que ya no te van ni te vienen, necesitados urgentemente de auténtica vida. Hay una cabeza con el pelo cortísimo lleno de clareas, unos ojos perdidos y una sonrisa que no se deja vencer por las mejillas que le caen insistentemente encima.

            Y yo no sé qué sentir. Me quedo como tonta, mirándote, sin saber qué sentir. No estoy preparada para esto. No quiero estarlo. Me quedo en la puerta de la habitación para mirarte, para mirar a mamá antes de que tu olvido me devuelva la memoria de lo que eres ahora. Entonces me ves, me miras y se te iluminan los ojos. Se te abre la sonrisa y parece que toda la luz del mundo se refleje en tu cara; levantas como puedes los brazos y me envuelves en tu olor a jabón llevándome a otro mundo, uno en el que soy chica y tú todavía tienes ganas de cantar. Te hablo, te cuento cosas, te toco, te acaricio el esqueleto de las manos…y tú me miras y sigues sonriéndome inocentemente como si lo hicieras desde muy lejos, como si un abismo entero hubiera nacido entre tú y yo. No nos importa. Hacemos como que no lo sabemos y somos dos adolescentes que se ríen de todo sin saber por qué.

        Pasamos la tarde conversando de nada, alternando frases inconexas, acariciándonos mutuamente con una ternura nueva, disfrutándonos cada una a su manera. Luego te digo que me voy y tú no sabes si volveré. Te rompes. Me reconoces y ya me echas de menos. Hace mucho que no vienes –me dices. Mañana volveré a verte –contesto. Por favor, espérame.

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